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La utilidad de un blog.
Hace ya más de 3 meses de mi última entrada en el blog, así que acudo al “About” del mismo para replantearme su utilidad. Comenzó siendo una idea para canalizar mis pensamientos, evitando mantenerlos más de la cuenta en mi mente y recuperar así el tiempo que perdía con ellos. Pero con el tiempo, todo aquello que rondaba en mi cabeza no era lo suficientemente bueno o interesante para plasmarlo aquí.
Posiblemente el cambio en mi actitud vino dado por una serie de post que, sin desearlo, terminaron por definir la temática de un blog que ni siquiera debería tener un tema definido. ¿Cómo iba a escribir la banalidad que ocupaba mi cabeza en un determinado momento tras haber escrito un pequeño análisis de las consecuencias del sistema electoral español? Además, lo insustancial es la norma en internet, ¿por qué demonios habría yo de contribuir a ello?
Pensando más en ello y con mi tendencia a simplificarlo todo, lo que acabo de redactar parece una buena explicación del fenómeno blog en general. Los blogs nacen como forma de expresión de los pensamientos, esos que antes se garabateaban en folios o ni siquiera se escribían y ahora se publican en un medio que permite a otros leerlos e incluso comentarlos. El fijar un tema al blog es una traición de este supuesto inicial, pues establece una frontera imaginaria que deja fuera gran parte de las ideas que conviven en la mente de cada uno. Es curioso, pero de acuerdo a esto, una inmensa mayoría de esos bloggers orgullosos de serlo, defensores de los mismos frente al viejo periodismo y puntas de lanza de lo que ellos mismos se encargan en calificar de “revolución” o “movimiento” resultan ser quienes pervierten la idea del blog. Por el contrario los verdaderos bloggers son aquellos que se dedican únicamente a plasmar sus pensamientos, sin elegir un tema sobre el que pensar ni buscar desperadamente una noticia que comentar.
Y he aquí la otra idea, la insustancialidad connatural al blog. Redactar tus pensamientos directamente, sin descartar ni seleccionar, tiene como consecuencia el llenar páginas y más páginas de banalidades. Es inevitable. A lo largo del día pensamos en muchas cosas y damos vueltas a muchas ideas, la mayor parte de ellas no sirven para nada y a nadie le interesa escucharlas, precisamente por eso se mantienen en nuestra mente. Nuestros pensamientos son basura que generamos constantemente, que ocupa nuestro tiempo y se acumula en la cabeza hasta que no cabe nada más.
Los blogs no son más que los contenedores públicos en donde al final del día depositamos la basura que llena la papelera en que se ha convertido nuestro cerebro. Escribir un post no es más que salir a tirar la basura. Lo que no tiene nada de malo, pues en algún momento has de vaciar la papelera si no quieres verte pronto ahogado en tus propios residuos. Quienes fijan una temática a su blog no hacen más que separar la basura para reciclar, creen que el tema que tratan tiene el suficiente valor como para que otro medio lo reutilice, creando así un ciclo en el que unos y otros se redireccionan entre sí. Continuar con semejante razonamiento nos lleva a comparar la blogosfera con el vertedero de internet, es allí donde van a parar todas esas tonterías y estupideces que diariamente nos hacen perder el tiempo.
Ahora bien, el vertedero es necesario sino queremos tragarnos todos los residuos que generamos en nuestra propia casa. Lo malo es si nos dedicamos constantemente a rebuscar entre la basura acumulada en el vertedero.
La pesadez del “me da igual”.
Mis opiniones pueden chocar frontalmente con las de otras personas hasta el punto de ser irreconciliables, pero al menos se han ganado algo de mi respeto al adoptar una postura, la comparta o no. Puede que ni las otras personas ni yo pensemos realmente lo que decimos, o no lo hayamos pensado lo suficiente para definir nuestra posición, pero al menos adoptamos una. Quienes fallan en la ecuación son los malditos “me da igual”.
No existe peor respuesta a cualquier pregunta que la tontería del “me da igual”. Si te da igual desaparece de la discusión y de mi vista porque tu postura no aporta nada. El “me da igual” nos rodea y sale en cualquier discusión, ya sea sobre que película ver en el cine o sobre la existencia de Dios. Tu postura no ayuda en nada, ni va a servir de nada a la hora de tomar decisiones ni de avanzar en conocimiento.
Todos caemos alguna vez en esta respuesta, el problema es que hay personas que viven de ella. Y no solo la utilizan siempre, sino que se permiten el mirar por encima del hombro a los que de verdad discutimos los temas. Sus aires de superioridad me producen náuseas. Se empeñan en repetir que quienes discutimos somo iguales. Que sigan de espectadores, mientras tanto nosotros seguiremos avanzando.